Por Javier Torres

domingo, 2 de octubre de 2011

La crisis subyacente

Todo el mundo sabe como y donde se originó la crisis económica que padecemos. Otra cosa es que todo el mundo vea que, en España, esa crisis ha dejado a la vista el sistema putrefacto que todos sufrimos día a día.

La crisis más importante que deben aguantar los ciudadanos españoles no es la económica, sino la política y la institucional. La mala gestión y el despilfarro de los políticos y de las entidades públicas durante años, ha provocado que nuestro país tenga una situación muchísimo peor que el resto de Europa (quitando casos como el de Grecia).
Los partidos de la transición son como alimentos caducados que la sociedad española se ve "obligada" a consumir, deteriorando así la salud de nuestra democracia. Una ley electoral injusta que favorece el bipartidismo, una justicia totalmente politizada, las 17 taifas que tenemos por culpa de la cesión sin control de competencias a las CCAA por las exigencias de los nacionalistas, medios de comunicación cómplices de los viejos partidos políticos, políticos en los consejos de dirección de las cajas y medios de comunicación públicos... todos estos motivos y más son los que han provocado la situación en la que estamos.

No hace falta recortar los pilares de un estado del bienestar (como hará el PP) para reducir el déficit público, que son la educación, la sanidad y las políticas sociales. Hay muchos otros campos donde se podría obtener un ahorro muy grande sin que los ciudadanos se tuvieran que ver perjudicados. El sistema autonómico, los centenares de empresas públicas que no tienen ninguna utilidad, las administraciones duplicadas y triplicadas... el sistema gestión pública en España es una máquina de despilfarrar inmensa. Eso se puede cambiar (y provocaría un ahorro increíble), pero a los partidos tradicionales no les interesa porque tienen a los suyos colocados por ahí.

La oligarquía partitocrática española entró hace ya tiempo en una espiral de decadencia que parece imparable, arrastrando a toda la sociedad con ellos. ¿Culpables? Lo dicho anteriormente: la incompetencia de nuestros dirigentes y su afán por el lucro personal y no por el de la sociedad que les entregó su confianza.

Hay otra vía. De las personas depende exigir eso a la clase política o conformarse con la mediocridad.

El próximo 20 de Noviembre tendremos la oportunidad de empezar a cambiar esta situación y de darle un giro a las cosas. El 20 de Noviembre tendremos la primera oportunidad de recuperar el control sobre la clase política y de regenerar la democracia.

El primer paso para que las cosas cambien es creer que ese cambio es posible.

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